“Después de la muerte de mi padre, mi madre se volvió a casar con un hombre excepcional que se convirtió en mi segundo padre. Él tenía viñedos y yo disfrutaba mucho cuando me permitían pagar a los trabajadores del campo.”
En 2001, con casi noventa años, Elvira decidió restaurar una bodega de 1925. Notaria, presidenta del directorio del diario Los Andes, socióloga. Y, al final, bodeguera. Nuestro Gran Reserva lleva su nombre.